| Acta Médica del Centro, Vol. 4, No. 4, 2010
Hospital Provincial Universitario “Arnaldo Milián Castro”
COMUNICACIÓN
Profesor y amigo
MSc. Georgina Díaz Serrano1
| RESUMEN |
SUMMARY |
Se trata de un trabajo que surge como consecuencia de una serie de opiniones sobre el Dr. Francisco Martínez Delgado que la autora logra sintetizar para llevarlas al lector.
DeCS:
PERSONAJES
HISTORIA |
This is a work that emerges as a result of several opinions about Dr. Francisco Martínez Delgado. The author manages to synthesize them for the reader.
MeSH:
FAMOUS PERSONS
HISTORY |
Conocí a mi amigo 20 años atrás. Yo era un rapaz de 24 años sin las preocupaciones materiales que surgieron unos meses después y cuya única ambición en aquel momento era ser un medico de prestigio. Lo primero que vi fue un señor de óculos y mirada de poeta que venía a la sala 22 del Hospital “Reposo” (en aquel entonces) a procura de un café caliente. Cuando pregunté quien era aquel individuo al que trataban con inusual deferencia me miraron con extrañeza y me preguntaron cómo era posible que estuviera haciendo una residencia en Medicina Interna sin conocer al Dr. Martínez Delgado. El joven iconoclasta que era yo entonces le restó importancia al episodio hasta que comencé a rotar con aquel hombre producto de una transferencia de sala. Allí empecé a conocer a aquel medico que siempre quiso ser músico, amante de la historia, la literatura y las cosas bellas de la vida sin ser un hedonista. Ejemplo de hombría y buenas maneras fue imitado como nos fue posible.
Pasó por varias generaciones de médicos que se formaron a su sombra o en su cercanía. Fue pionero y máximo exponente del estudio de las conectivopatias en nuestra provincia y una referencia obligada al resto de la isla.
Logró cultivar la motivación por la medicina en sus hijos que lo adoran, ya que nunca descuidó la atención a la familia. Era agradable cuando le oía decir que su función con sus nietos no era educarlos sino disfrutarlos, aunque yo sabía que él hacia ambas cosas, pero cuando hablaba de ellos sus ojos brillaban.
Como todo gran hombre la mediocridad y la intolerancia intentaron menoscabar sin éxito su imagen. Él se limitaba a sonreír y se los sacudía como quien tira pequeñas alimañas que intentan trepar por los bajos del pantalón.
Perseguía los casos interesantes con la persistencia de un detective y ni inclusive en los últimos tiempos de vida las enfermedades menoscabaron su capacidad diagnóstica. Antes de opinar sobre un caso ajeno aguardaba a que se le pidiese su opinión, después iba con calma a la cabecera del paciente y tras un minucioso interrogatorio y examen físico formulaba su hipótesis. Esa ayuda nunca nos fue negada por el mayor baluarte del método clínico y tal vez uno de los últimos dinosaurios en una medicina amenazada por la tecnocracia y la despersonalización.
Era estoico, más por su concepto de virilidad que por filosofía. Recuerdo una vez en que acudió caminando por sus pies a cuerpo de guardia con un dolor precordial y después de hacerse un electrocardiograma que no demostró alteraciones se sentó a mi lado a conversar y degustar un dulce que era una de sus debilidades sin hacer la más pequeña mención al episodio anginoso que acababa de resolver con una nitroglicerina. Poco antes de que marchara definitivamente de nuestro lado nos volvimos a encontrar y aquel hombre que siempre fue más espíritu que cuerpo me hablaba optimistamente de sus planes profesionales tratando a la muerte con sublime indiferencia.
Amigo, le agradezco a Dios, independientemente de la forma en que lo definamos, ya que la tuya era muy parecida a la de Martí, que no te haya permitido componer bellas melodías y una vida mole y, sin embargo, te haya lanzado por el camino de la medicina. De todos tus discípulos, de todos tus pacientes, de todos tus amigos: gracias amigo mío.
Nota: Ya que sé que hablo a nombre de muchos se me excusará fácilmente de asignar estas líneas que sobrepasan a mi persona.
DE LOS AUTORES
- Especialista en Gestión Documental. Master en Ciencias de la Educación Superior. Profesora Asistente de la Universidad de Ciencias Médicas “Dr. Serafín Ruiz de Zárate Ruiz” de Villa Clara.
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